La primera cooperativa de mujeres en el rubro
Sobre la mirada de los hombres, contó que durante una obra se había quedado sin arena para terminar de colocar la base de un mástil. Entonces se acercó a una construcción cercana para pedir un poco.
“Los saludé: ‘Compañero, ¿cómo le va? ¿Sabés que necesito arena?’. Y el chico me miró sorprendido, me preguntó: ‘¿Ustedes qué son?’. Le contesté que éramos albañilas y se acercaron a ver nuestro trabajo; se sorprendieron y nos remarcaron lo prolijo que estaba”, contó. Y celebró: “Cuando pasan esas cosas, yo me pongo contenta porque demuestra que las mujeres también podemos hacer trabajos de calidad”.
Ellas, «Matria en Construcción»
Johana y Vanesa se conocieron en 2021 y se consideran hijas de la pandemia. Las dos tenían varias cosas en común: el interés por la construcción y la necesidad de trabajar. En esa época conocieron a Anahí Quiroga Nassivera, arquitecta y presidenta de «Matria en Construcción», la primera cooperativa con perspectiva de género en San Luis que se dedica al sector de obras y edificación.
En el último censo provincial se registraron 75 albañilas; sin embargo, desde el espacio aseguran que actualmente superan las 100. A nivel nacional, las mujeres representan menos del 5 por ciento de los trabajadores del rubro.
“La construcción genera muchísimo dinero, y si bien tiene altibajos, sabemos que un albañil gana mucho más que una mujer que trabaja en limpieza”, analizó la arquitecta que iba a las primeras obras de «Matria en Construcción» con su pequeño de cinco años durmiendo en el auto. Y cuestionó: “Entonces, ¿por qué seguir generando esas diferencias?”.
Las albañilas de la cooperativa se especializan en sistemas de construcción en seco. Su principal actividad es la tabiquería o drywall, que incluye cielorrasos, divisiones interiores, muebles y otros trabajos no estructurales conocidos como durlock. Además, realizan tareas de terminación, colocación de cerámicos, trabajos de plomería e instalaciones eléctricas.
La mayoría trabajaba de forma individual en el mercado informal de la construcción. Surgió de manera espontánea: una tenía una amiga que colocaba cerámicos, otra hacía revoques, otra quería aprender… pero todas necesitaban lo mismo: trabajar.

Así se unieron y, a sabiendas de que más del 50 por ciento de ellas era jefa de familias monomarentales, organizaron jornadas repartidas que se acomodaran a sus horarios y los de sus hijos.
“A las mujeres siempre se nos exige más que a los varones. Nos pedían antecedentes o certificaciones, mientras que a muchos albañiles con una recomendación ya les alcanzaba”, contó Anahí.
Vanesa explicó que la modalidad de repartición del trabajo es simple: entre ellas se administran turnos de cuatro horas para abarcar la jornada laboral completa. Quienes tienen más disponibilidad se adaptan a aquellas que son madres solteras y que no tienen con quién dejar a sus pequeños.
“Para mí «Matria en Construcción» es mi familia. Ha cambiado mi vida a pesar de todas mis cargas. Cada reunión aprendemos, pero también nos damos apoyo. Hasta cuando estoy trasnochada del turno en el hospital, no me pierdo las reuniones porque es un espacio de contención”, expresó Johana. Y Vanesa sumó: “Más allá de que estamos en la construcción, también nos damos una mano emocionalmente: charlamos, celebramos el cumpleaños de alguna y, si tenemos que llorar, lloramos. Y eso también es bueno”.
Al momento de ser contratadas para obras encuentran dos caras: una del prejuicio, principalmente masculino, y la otra, la validación y apoyo de otras mujeres: divorciadas, madres solteras o al cuidado de adultos mayores, que las prefieren por cuestiones de seguridad y confianza.
“Recuerdo una clienta que tenía una casa en el barrio La Pancha Dos, que nos dejaba la casa todo el día. Trabajábamos desde la mañana hasta las cinco de la tarde, porque si no, no nos rendía. Y nos decía que se sentía segura porque éramos todas mujeres”, contó Vanesa. Mientras que Anahí completó: “Por el otro lado, no es fácil entrar a una casa donde hay varones: nos están controlando y viendo permanentemente con desconfianza”.

El objetivo principal de la cooperativa es visibilizar su trabajo y abrir nuevos espacios dentro de la industria de la construcción, un ámbito históricamente masculino. Buscan inspirar a otras mujeres a sumarse y demostrar que construir también es posible para ellas. La idea es avanzar hacia una apertura sostenida e inclusiva del sector, con oportunidades laborales reales y acceso a una vivienda digna.
Su próximo proyecto apunta a montar un taller propio, centrado en tecnologías secas, que sirva como base física para seguir creciendo. Además, buscan que ese espacio incluya un área de cuidado para las infancias, donde las compañeras que tienen hijos pequeños puedan llevarlos, sabiendo que estarán seguros y cuidados mientras trabajan.
“No es justo que muchas mujeres tengan que construir sus casas de a poquito o seguir alquilando, especialmente en hogares monomarentales. Queremos un espacio de trabajo formal, con recibos de sueldo y obra social, que les permita acceder a una vivienda digna a través de nuestra cooperativa”, deseó.
Astrid Moreno García Dione es de Buenos Aires pero vive en San Luis desde hace más de diez años. Periodista Universitaria, recibida en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), cuenta con ocho años de experiencia en medios gráficos, digitales y creación de contenido para redes sociales. Una apasionada del insólito cotidiano, las historias de vida, el instinto de supervivencia que nace de la tragedia, el arte y la cultura y el periodismo con perspectiva de género.